10 de diciembre, día internacional de los Derechos Humanos y XXV años de la entrega del Premio Nobel de la Paz 1992, a Rigoberta Menchú Tum

 

RMT

 

Hace 69 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, luego que la humanidad había pasado por dos guerras mundiales trágicas, y por ello llegó a ser uno de los pactos mundiales más importantes consensuados entre las Naciones Unidas, como medida para garantizar la no repetición de la guerra y respetar la dignidad humana. Importante es destacar el rol protagónico, determinante e histórico que tuvo la mujer, representada por la Sra. Anna Eleanor Roosevelt, al frente del Comité que tuvo a bien redactar y defender el proyecto de la Declaración de los Derechos Humanos, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Saludamos a la Comunidad Internacional, a las organizaciones de Derechos Humanos, a los Pueblos Indígenas y a la Sociedad Civil guatemalteca, por sus máximos esfuerzos en el cumplimiento de los Derechos Humanos. Gracias a este trabajo tesonero se han sentado precedentes en la justicia universal, la lucha contra la impunidad y la corrupción. Reconocemos que no ha sido nada fácil, porque se ha tenido que enfrentar campañas de desprestigio, racistas, misóginas y xenofóbicas en contra de personas e instituciones que han liderado estos esfuerzos.

Hoy conmemoramos los XXV años que el Instituto Nobel de Noruega otorgó a Rigoberta Menchú Tum, el Premio Nobel de la Paz 1992, el cual representa para los pueblos indígenas, para los pueblos originarios, para las mujeres, para las juventudes y para la niñez, un reconocimiento mundial a su sobrevivencia, a su resistencia y a su lucha de siglos por el ejercicio y defensa de sus derechos individuales y colectivos. Este Premio contribuyó al enaltecimiento de sus propuestas encaminadas al reconocimiento y respeto pleno a la titularidad de sus derechos. También significa un reconocimiento al Pueblo Maya por su grandeza, sus conocimientos, ciencia y tecnología, su trascendencia y sus aportes a la humanidad, sus triunfos, sus esperanzas, su dolor, su resistencia, su lucha y su sueño de libertad.

Este galardón permitió a los pueblos del mundo, volcar su mirada hacia la grandeza y majestuosidad de la sabiduría y los conocimientos ancestrales que encierra una ciencia para la vida; un calendario, una filosofía, una matemática y una espiritualidad propia, para que el ser humano alcance vida plena, correlacionada con la conciencia más pequeña, con la conciencia más grande, criatura-universo, en armonía con todos los sistemas de vida que cohabitan en el planeta tierra y como el legado y aporte más asombroso de nuestras abuelas y abuelos mayas a la humanidad.

Rigoberta Menchú Tum, cruzó las fronteras cargada de incertidumbre y de inseguridad, devastada por el dolor y la tristeza, después de vivir en carne propia las experiencias más crueles e inhumanas contra el pueblo Maya K’iche’. Desde el año 1980 vivió el exilio forzoso y con determinación rompió el silencio con su propio testimonio, con la verdad legítima a través de sus publicaciones: Me Llamo Rigoberta Menchú y Así me Nació la Conciencia, La Nieta de los Mayas, Trenzando el Futuro y Li Mi’n, La Niña de Chimel; convencida de que daría la vida por su pueblo, que la lucha sería de por vida y así fue.

Asimismo, se hizo escuchar su voz cuestionando la realidad sobre la pobreza extrema, explotación, despojo, racismo, discriminación, opresión, represión y hambre que viven los pueblos mayas, los pueblos indígenas y la gente más humilde en Guatemala, en nuestro continente y en el mundo; siendo estas las principales razones por las que se le otorgó el Premio Nobel de la Paz, el 10 de diciembre de 1992.

 

Fundación Rigoberta Menchú Tum

Paxil-Kayala’ Kab’lajuj Tz’ikin

Guatemala, 10 de diciembre de 2017.